- Lo primero que debes saber es que esos síntomas que sientes como taquicardia, o un cierto ahogo y opresión en el pecho no son peligrosos ni significan que te está sucediendo nada malo. Para comprender mejor porque aparecen es necesario tomar en cuenta que la ansiedad no es un fenómeno solo mental, sino que es una respuesta compleja que, junto con el miedo y el estrés, forman parte del “sistema de supervivencia” de nuestro organismo. Y los tres, aunque ahora veremos sus diferencias, nos preparan para enfrentar una amenaza, una sobrecarga o un peligro y su activación va a hacer que todo el cuerpo se vea afectado de una forma u otra.
- ¿Sabes cuantos sistemas de nuestro organismo están implicados en la respuesta de supervivencia? Se han identificado seis sistemas (nervioso, cardiovascular, respiratorio, digestivo, musculoesquelético e inmunitario) que de forma directa se activan y coordinan entre sí para responder, aunque también otros sistemas como el urológico, el endocrino, o el reproductivo, se ven afectados.
Esta triada, miedo, ansiedad y estrés, puede parecer que son la misma respuesta física, pero no lo son, aunque están muy relacionados tienen activadores, circuitos cerebrales y duraciones distintas. Y eso produce que la respuesta física que sientes ante cada uno de ellos sea diferente.
El miedo, sobre todo cuando es agudo, se activa al percibir un peligro real e inminente, por ejemplo vas a cruzar una calle mientras miras el móvil y escuchas el claxon de un coche muy cerca de ti, en ese momento una estructura de nuestro cerebro llamada amígdala, se activa y manda una señal al sistema endocrino para liberar de forma inmediata adrenalina y noradrenalina, entre otras hormonas, que viajan por el torrente sanguíneo hasta los pulmones que hiperventilan para captar todo el oxígeno posible y el corazón que se acelera para bombear más sangre oxigenada a los músculos y que estos se tensen o contraigan preparando al cuerpo para un esfuerzo físico explosivo. Seguro que lo has notado muchas veces en tu vida. Mientras esto sucede y para sostener este enorme gasto energético, en nuestro cuerpo se bloquean las funciones “no urgentes”, por eso se paraliza la digestión, se bloquea nuestra capacidad de pensar o razonar e incluso se suprimen las tareas de reparación del sistema inmunitario entre otras respuestas. Todo esto pasa en milésimas de segundo para que reacciones inmediatamente y ese coche que viene hacia ti no te atropelle. ¡Y es que ante el peligro no hay tiempo que perder y cada milisegundo cuenta!
Como ves el miedo genera una respuesta muy intensa pero fisiológicamente insostenible por mucho tiempo porque su función es protegernos ante un peligro que está sucediendo ahora, esta es la principal característica del miedo. La supervivencia por encima de todo. Por eso consume de un modo explosivo toda la energía disponible en el organismo en ese momento.
A diferencia del miedo, la ansiedad puede entenderse como un estado de anticipación y vigilancia sostenida frente a “posibles” amenazas o dificultades futuras. Como cuando pienso que voy a suspender el examen de oposición que tengo dentro de dos meses, o que mi hijo salga de noche y le pase algo o que no voy a volver a encontrar pareja en mi vida… Ante todas las amenazas futuras que valoramos se nos activa la ansiedad.
En la ansiedad aparecen dos cosas importantes a nivel cerebral por un lado se activa una red neuronal que es la que produce ese estado de incertidumbre y alerta característica de la ansiedad. Y a la vez la corteza prefrontal, o para entendernos mejor el “director general” del cerebro, no consigue frenar la activación de esta red. Como consecuencia el organismo responde con vigilancia y alerta, aunque no haya un peligro real en esos momentos del que defenderse. Y nos vuelve muy sensibles a cualquier señal de amenaza, aunque luego no sea nada. Siguiendo el ejemplo de la madre, imagina que llama a su hijo y no le responde, esa falta de conexión la interpretaría como una evidencia de que ha tenido un accidente y su cerebro no daría la opción a que no lo hubiera oído, o se lo hubiera dejado en algún sitio, o cualquier otra cosa que no tiene nada que ver con un accidente.
En este estado de vigilancia y alerta que produce la ansiedad los síntomas físicos que podemos identificar son más bien temblores en manos, piernas o parpados por mantener la tensión muscular mucho tiempo, también se puede notar taquicardia y palpitaciones fuertes como consecuencia del bombeo de sangre en reposo, ya que no se puede correr o luchar contra un pensamiento amenazante. Otros síntomas frecuentes son mareos, aturdimiento o inestabilidad provocados por esa respiración agitada y superficial tan propia de cuando estamos nerviosos.
Como en la ansiedad los músculos se contraen de forma estática anticipando una lucha o un impacto, que nunca llega, solemos acumular mucha tensión muscular y es frecuente que aparezcan contracturas y rigidez en cuello, hombros y zona lumbar, además de dolor de cabeza o cefalea tensional, bruxismo (apretar fuertemente los dientes) y una dolorosa opresión o pinchazos en el pecho, todo como resultado de esa tensión muscular excesiva que no se descarga en un movimiento. Recuerda que el organismo está preparándose para reaccionar y por eso se tensa.
La ansiedad también suele producir el bloqueo del aparato digestivo que puede derivar en molestias intestinales como un nudo en el estómago, náuseas o gases atrapados, e incluso una urgencia súbita por defecar. Y es que el instestino, el nervio vago y la activación están muy relacionados. No son síntomas que el “cerebro” se inventa como entendíamos antiguamente. Son auténticas consecuencias físicas del estado de activación. Si está activada la alarma el sistema digestivo deja de funcionar apropiadamente.
A todas estas sensaciones iniciales se pueden agregar otras como sudoración fría, ya que el estado de alarma reduce el flujo de sangre que llega a la piel y activa las glándulas sudoríparas, o incluso escalofríos, aunque no tengamos fiebre, o la clásica inquietud motora como mordernos las uñas, dar vueltas en la cama, mover las piernas o los pies para liberar la tensión acumulada.
Es más, se pueden incluso tener calambres nocturnos, que como consecuencia de la tensión que haya tenido el musculo durante el día y al meterte en la cama, el músculo descarga en espasmos dolorosos el exceso de activación.
Y a esto le podemos sumar que, cuando la falsa alarma se apaga, el organismo cae en un estado de agotamiento profundo, somnolencia o la clásica sensación de tener las piernas débiles debido al gasto masivo de energía que no fue liberada.
Te puede parecer agotador tantas manifestaciones físicas de la ansiedad, pero tranquilo/a que no suelen venir juntas todas a la vez, cada persona tiene su propia manera particular de expresar la ansiedad. ¿Cuál es la tuya? ¿Cómo te das cuenta de que estás nervioso/a?
Como ves la respuesta del miedo y la ansiedad son diferentes una es más explosiva y la otra más moderada pero más duradera.
Y por último el estrés, que es una respuesta que da nuestro cuerpo ante la sobrecarga. Aparece cuando las exigencias diarias (un pico de trabajo, problemas económicos, cuidado de familiares) superan nuestra energía o recursos disponibles. El cuerpo se prepara para aguantar esa carga extra sosteniendo la tensión. De ahí que los síntomas físicos del estrés suelen focalizarse en el sistema musculoesquelético: dolor de cabeza tensional, rigidez severa en el cuello y los hombros, fatiga y bruxismo. La clave del estrés es que, cuando el factor estresante desaparece (al terminar el proyecto o pagar la deuda), el cuerpo suele recuperar su estado de descanso.
Distinguir estas tres reacciones miedo, ansiedad y estrés es importante para poder gestionarlas. El miedo nos salva la vida en el momento, el estrés nos empuja a superar un desafío temporal, pero la ansiedad constante engaña al cuerpo y lo agota al prepararlo para una batalla que nunca llega a suceder. Entender cómo nos habla el cuerpo ayuda a desactivar ese estado de alarma antes de que nos desgaste y nos haga sufrir en exceso.
Y recuerda que nada de esto es una enfermedad: es la vida misma respondiendo a los peligros y dificultades. Porque si tienes la posibilidad de encontrarte con un león en un paseo…¿acaso no es lo mejor estar muy tenso y reaccionar en cuanto lo veas? De eso va nuestro sistema.
Govindasamy, V., Mashayekhi, Y., Khan, M. N., Olakunori-Ovaga, O. J., Kumar, N., Zafar, M., Mustafa, S., Soman, M., Akbar, M. B., Arif, T., Karim, A., Murtaza, M. M., & Bano, S. (2025). Association between gastrointestinal symptoms and anxiety levels in patients with functional dyspepsia. Cureus, 17(5), e84810.