Si consideramos la ansiedad como una alarma adaptativa que nos ha dado la naturaleza para ayudarnos se transforma en un problema cuando funciona como una alarma mal programada que suena cuando no tiene que sonar.
La ansiedad empieza a ser un problema cuando:
- La reacción es desproporcionada tanto en duración como en intensidad para el motivo que la causa.
- Se enciende o permanece encendida casi todo el día. La persona está muy atenta a las señales de su cuerpo y les tiene miedo.
- Empieza a limitar la vida de la persona y comienza desde el silencio a gobernar sus decisiones.
- La persona empieza a obsesionarse con eliminarla y/o controlarla.
- La persona presenta problemas de sueño, un elevado nivel de preocupación y síntomas físicos como palpitaciones, tensión muscular, problemas digestivos, …
La ansiedad, parafraseando al filósofo Bernat Castany, es como la hermana pesimista de la protagonista del cuento de la lechera: en vez de ir soñando mientras anda en todo lo que va a conseguir cuando venda la leche va rumiando en todo lo malo que le va a ocurrir si no la consigue vender con lo que se acaba bloqueando y no consigue caminar.
El resultado, como puedes ver, es el mismo: distraída una, y bloqueada la otra; ninguna de los dos consigue vender su leche.