Las tres trampas de la ansiedad

Primera trampa: Creerte la señal de peligro.

La primera trampa si padeces una ansiedad elevada es confundirla con el peligro y reaccionar a ella y creértela, en vez de tratarla como una respuesta que puede equivocarse. Sabemos que la ansiedad puede ser muy exagerada valorando el riesgo.

¿Cuántas veces te ha pasado que tu mente ha anticipado algo como peligroso y preocupante y luego no ha sido así?

Sentir ansiedad no es lo mismo que estar en peligro : La ansiedad puede activarse , y de hecho lo hace, sin que esté sucediendo nada peligroso.

Segunda trampa: luchar contra ella intentando controlarla o eliminarla cuando aparece

Todo lo que haces para eliminar la ansiedad refuerza en tu mente la idea de que no debería estar ahí y que no deberías sentirla, de que algo funciona mal. Y cuanto más luchas más importante se vuelve y por eso más la sientes. La ansiedad crece y se mantiene por lo importante que la volvemos al querer eliminarla y luchar contra ella.

No es la ansiedad automática el problema sino como reaccionas a ella. Al reaccionar con intensidad e intentar eliminarla o controlarla le estás diciendo a tu mente y tu sistema nervioso que algo va mal lo que, lógicamente, encenderá aún más la alarma. Reaccionar a la alarma con alarma es como intentar apaga el fuego con gasolina.

Tercera trampa: Empezar a evitarla y vigilarla

En muchas personas que tratamos los profesionales la ansiedad no es exactamente miedo a lo que va a pasar en el futuro sino, más bien miedo a no poder manejar la propia reacción emocional cuando eso que imaginamos ocurra . Para ello muchas personas procuran tener todo controlado lo que, lógicamente es frustrante por imposible, y genera muchas preocupaciones lo que, acaba al final por generar aún más alarma y ansiedad.

Puede sonar extraño pero el evitar una situación que te provoca ansiedad te calma a corto plazo pero acaba por aumentarla a largo plazo porque la mente nunca aprende que esas experiencias que temes realmente no son peligrosas para ti y que suelen ser, en gran medida, una exageración.

Así las tres trampas son: tomar por verdadero el peligro y no como una alarma. Luchar contra ella y evitar que aparezca.

Esto, que puede que estés haciendo para ayudarte quizás, en realidad te esté perjudicando.

Necesitamos aprender a no reaccionar impulsivamente y a darnos un momento para recuperar la razón y la consciencia.

Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario.