Esta es una pregunta que nos suelen hacer mucho a los profesionales y que suele añadir al que lo sufre, una dosis extra de culpa y malestar. ¿Por qué ante el mismo hecho o circunstancia una persona desarrolla ansiedad y otra no? ¿seré yo que soy “flojo”?
Para comprender porque sucede necesitamos distinguir tres tipos de factores, que los profesionales llamamos de vulnerabilidad, que nos predisponen más o menos a padecerla y que se agregan unos a otros: (modelo integrador de Barlow):
- Nuestra herencia biológica: las personas no partimos de la misma base biológica. Existe una gran variabilidad. Dentro de esta base existe evidencia de que heredamos un factor inespecífico que nos hace vulnerables a todo tipo de problemas emocionales, no existe un gen de la ansiedad. Lo que podemos heredar es una hipersensibilidad de nuestro sistema de alarma que hace que reaccionamos más al mismo estímulo o un temperamento más inhibido que nos hace mas condicionables y vulnerables. Depende de las fuentes pero se suele atribuir entre un 30% y un 50% a este factor de vulnerabilidad general biológico.
- Lo que nos sucede en la vida: sobre esta base biológica heredada las experiencias tempranas la afectan profundamente y la calibran, para bien o para mal: determinados tipos de adversidad en la infancia (abusos, pérdidas, violencia) alteran el desarrollo del sistema nervioso de una forma duradera provocando que se dispare la ansiedad en umbrales mucho más bajos. O lo contrario, por ejemplo si heredamos un sistema hipersensible pero crecemos en un entorno seguro afectivamente y sin dificultades esa expresión se atenúa y puede que no tengamos problemas.
- También el modo en que nos han educado influye, especialmente la sobreprotección que puede robarnos experiencias de aprendizaje y aumentar la necesidad de seguridad y la intolerancia a la incertidumbre. O familias frías o con un apego inseguro e inadecuado que puede provocar que vivamos el mundo como un lugar impredecible y peligroso.
- El entorno actual: con frecuencia la precariedad económica, altos niveles de dificultad, enfermedades o soledad pueden hacer que el nivel de tensión y carga sean muy elevados. El entorno actual puede ayudar y hacer que todo lo anterior no se active, por ejemplo si tenemos un nivel económico aceptable y buenas relaciones afectivas; o aumentarlo si por desgracia, las condiciones de vida no son muy buenas en la actualidad.
- El evento que lo dispara: Normalmente un estresor grave dispara en el presente los problemas con la ansiedad: puede ser un cambio muy grande, una pérdida significativa, problemas de pareja, que se produce ya sobre un terreno abonado que explica, en parte, el cómo lo vive la persona y reacciona a esa crisis.
Conclusión: como puedes ver, en este modelo ampliamente aceptado en psicología, las personas que desarrollan problemas con la ansiedad son porque reúnen más factores de vulnerabilidad o tienen menos recursos para compensarlas, no porque sean más débiles. Y estos factores también nos dan esperanza ya que nos muestran que hay múltiples aspectos donde se puede intervenir y mejorar. No estamos determinados por nuestra vulnerabilidad ni biología. Podemos aprender y mejorar. Pero no partimos todos del mismo punto. Esa es la realidad y necesitamos comprenderlo.